El cine de las tortas: Timecop (1994)

Después de una par de jueves un tanto atípicos, respecto al cine y a lo que de él se habla en este humilde rincón del ciberespacio, retomamos la sección más dicharachera de la web con una pieza del gusto del consumidor habitual. Los devaneos gafapastiles (Persépolis) o las meadas fuera del tiesto (Beowulf) me han distanciado últimamente de lo que debe ser y será la línea de esta vuestra sección.
No obstante hoy volvemos con más fuerza que nunca (bueno, no tanto, pero con bastante fuerza, eso sí) intentando revisionar una de esas producciones cuya popularidad supera ampliamente la de su referente en papel.
La película de Peter Hyams, Timecop, es, por méritos propios, mucho más famosa que el cómic de Mark Verheiden y Ron Randall; creación esta que en su día pasó harto inadvertida y de la que no se explica su adaptación al cine si no es comparándola con lo inexplicable de otras series que la editorial Dark Horse consiguió que fueran adaptadas también (como bien rememora el gran Laintxo en este estupendo artículo de la legendaria Espada de Orión)
Si bien Dark Horse se apoyó en el mundo del cine cuando daba sus primeros pasos (aquellos míticos tebeos de Alien, Predator o Terminator) más tarde conseguiría que muchas de sus series fueran trasladadas al celuloide, alcanzando finalmente casi tantas adaptaciones en cartel como si de una de las majors se tratara. Maniobra sorprendente y difícil de creer que proporcionó algunos superéxitos comerciales como La máscara.

En este contexto surge Timecop. A partir de un libreto que adapta el cómic del mismo nombre (con los creadores de este a las riendas) se firma una apuesta de ciencia-ficción de bajo presupuesto y confusas pretensiones.
El intento por reanimar viejas glorias del cine de género es cómo mínimo conmovedor. Las por aquel entonces decadentes carreras del mítico Jean-Claude Van Damme y de Peter Hyams respirarían algo de aire fresco, prolongando un poquito más su estancia en la cima antes del salto al vacío. A pesar de lo mediático que podía resultar el belga allá por 1994 lo cierto es que, visto con perspectiva, Timecop entra ya en su decadencia, empobrecido para mí a partir de la extraordinaria Blanco humano. Por otro lado el director de la cinta, quien había firmado algunas piezas más que notables de la ciencia-ficción ochentera como 2010 o Atmósfera cero, daba sus últimos pasos en el (semi)mainstream para terminar, años más tarde, rodando subproductos del calibre de El sonido del trueno.
La trama de la peli, similar a la del tebeo, narra las aventuras de Max Walker, agente de la Comisión de Control del Tiempo con la misión principal de impedir a los malutos de turno que viajen a través de este e intenten modificar el pasado para su propio beneficio. De entre los escenarios que visita el agente temporal destaca la guerra civil estadounidense y la era del crack de la bolsa de Nueva York, situaciones en las que algún malhechor intenta lucrarse valiéndose de útiles conocimientos acarreados desde el futuro.

Es este el planteamiento más interesante y original de la peli, poco explotado también en el tebeo, que deriva rápidamente en una embarullada trama de paradojas temporales con políticos corruptos y novias asesinadas de lo más convencional. Si bien disfrutamos viendo a Van Damme repartir estopa en los años 20 (con su peculiar e inolvidable estilo bailarina) o siendo testigos de un robo con armas automáticas del oro sureño en la Guerra de secesión, rápidamente decae el interés, liándose el guión con un argumento de corrupción senatorial a través del tiempo lleno de agujeros, y fracasando el enfoque sensiblero y empalagoso que el director otorga a la poco creíble relación amorosa de la cinta –por no mencionar los batacazos que pega Frank Dux… digo, Van Damme cada vez que intenta expresar algún tipo de emoción romántica-
Los efectos especiales de Timecop son muy modestos y, al margen de las pompas digitales con que nos obsequian cada vez que hay un salto en el tiempo, hay que decir que existe la sensación de que no se han gastado un duro en diseño de producción. El hipotético futuro en el que se domina el viaje temporal es de cartón piedra, y eso siempre que se hayan molestado en disimular la fecha en la que supuestamente se sitúa la acción. Mención especial para el descacharrante vehículo de Walker… no hay palabras.
Para ir acabando resta decir que ya se está cociendo un remake de la peli, como se puede leer aquí.

Resumiendo, Timecop, policía en el tiempo es una producción serie b que consigue entretener a pesar del tiempo excesivo empleado en unas vueltas de guión desastrosamente rematadas. El poco cariño que demuestran algunas facetas de la producción (las pintas de los matones son de órdago) no consigue fusilar la propuesta definitivamente, pero sí obliga a que nos acerquemos a ella con recelo. Por tanto, regulera.

