Leyendo entre lineas: Economía comiquera I - Bienes escasos
Economía: Ciencia que estudia los métodos más eficaces para satisfacer las necesidades humanas materiales, mediante el empleo de bienes escasos.
La palabra clave en esta definición es “escasos”. Escasos, no en el sentido de que haya pocos, sino de que son limitados. A la hora de administrar bienes ilimitados, la economía no tiene ningún sentido. Se puede desperdiciar, malgastar, dilapidar todo lo que se quiera y más. Pero cuando se trata de administrar bienes (ojo, tanto tangibles como intangibles) limitados, la cosa cambia, y hay que emplear ciertas técnicas y criterios que maximicen la utilidad de esos bienes.
Para nuestro análisis de hoy, los bienes que administra la economía comiquera son tres: dinero, espacio y tiempo. Nos referiremos en este artículo a los cómics en papel, con lo que los cómics digitales quedan fuera de este estudio.
Dinero
La raíz de todo mal. Sin dinero no se pueden comprar cómics. Una perogrullada como un camión, sin duda. Uno de los problemas que más afectan al lector de cómics de hoy es el creciente aumento en el precio de los mismos. Atrás quedan los tiempos en que un tebeo costaba 50 pesetas (30 céntimos de euro, ¿os lo imagináis ahora?). Hoy se rondan los 2 euros por una grapa de 24 páginas, entre seis y siete veces más que hace unos 20 años. Bien es cierto que la calidad de la reproducción ha aumentado, la inflación ha hecho de las suyas y que ahora tenemos más poder adquisitivo que hace 20 años.
Pero al aumentar la oferta editorial, el presupuesto mensual (o semanal, que para todo hay) no alcanza para satisfacer los deseos de muchos lectores. Son muchas las quejas, ante las avalanchas editoriales en época de Salones, acerca de que “no alcanza para comprar todas las novedades”. Bien, amigos, aquí entra en juego la economía. Si el dinero disponible, como bien escaso del que hablamos, no llega para comprar todas los cómics que deseamos, se impone una administración inteligente: es decir, comprar sólo las novedades que más nos interesan, o reducir gastos en otras áreas (copas, cine, ¿comida?) para poder invertir en cómics.
Es duro, sí, pero nadie dijo que la vida fuera fácil.
Espacio
Una vez comprados los cómics y leídos, el lector querrá conservarlos. ¿Todos? Normalmente sí. Tal vez, los que no hayan sido de su agrado serán revendidos, o regalados a esos sobrinillos tan agradecidos, o a los hijos de las visitas, para que se entretengan coloreando.
¿Pero dónde se guardan tantos cómics? Estanterías de IKEA (benditas Billy), cajas “free-acid” en el trastero, y uno de los más socorridos: la casa de tus padres. Tu antigua habitación es el lugar perfecto para almacenar centenares… qué digo centenares, millares de cómics a los que ya no se presta tanta atención.
Para los formatos “raros”, tipo Absolute o los diminutos manga se imponen soluciones innovadoras, como estanterías a medida, o un reajuste de las baldas de las estanterías IKEA. Otra forma de suplir la falta de espacio es apilar verticalmente los cómics, o poner una fila detrás de otra. Sí, se ocultan los de la fila de atrás, pero así caben más en la estantería. Thinking, please!
Tiempo
El único bien escaso que, una vez perdido, es imposible recuperar (diga lo que diga Rip Hunter).
Trabajo, familia, estudios, tareas del hogar… ¿de dónde sacamos tiempo para leer? Vuelve a entrar en juego la economía: los viajes en el metro al trabajo o a la universidad, media horita que podemos arañar en el sofá, algún sábado por la tarde con poca faena en casa… Pero la omnipresente pila de lectura, apenas conseguimos ponernos al día, resurge amenazante cual Torre de Orthanc.
Pero claro, si ya nos cuesta ponernos al día con las novedades, es casi imposible dedicar tiempo a las relecturas de nuestros tebeos favoritos. Por no hablar de otras opciones de ocio, como el cine, los libros, las videoconsolas… aun encontrando tiempo libre para dedicarlo al ocio, no es suficiente para todo.
Así pues, establecidas las tres variables sobre las que actúa la economía comiquera, se pueden construir las demás teorías económicas de este particular micromercado.
Hasta aquí el análisis económico de hoy. La semana que viene hablaremos de los integrantes del proceso de compra de cómics. ¿Sencillo? No tanto, ya veréis.




