Es la hora de la Siesta!!! Odio los Superhéroes
Hola niños y niñas. Dejad que me ponga un poco serio, pero no demasiado. Yo, como todos vosotros, tengo unos gustos, unas opiniones, ya sean acertadas, irrisibles, e incluso alguna vez, equivocadas (poquitas veces, sea dicho). Debido a que esta es una página sobre comics, sobre viñetas repletas de personajes fantásticos, diré que a mi no me gustan los superhéroes.
Antes que dejéis de leer estas líneas, mentéis a mi madre, inundéis de comentarios negativos o positivos este artículo, os dirijáis raudamente al despacho de Rafa (el camarote de los Hermanos Marx), leed con atención.
Este año he cumplido 30 años, puedo decir que a partir de los 14 años fue mi comienzo definitivo, mi bautizo de fuego en el maravilloso mundo de los superhéroes. Imaginadme postrado de una roca, mirando al cielo, con una capa roja ondeando al cielo, mientras furiosas olas chocan sobre la roca con un número de la Patrulla-X dibujado por Jim Lee alzado por encima de mi cabeza. Por el contrario, a los 14 años ya bebía alcohol e iba con chicas, pero es otra historia.
Comencemos desde el principio: no me gusta la idea clásica de superhéroe, con traje chillón y capita, héroe de gran corazón, héroe asexuado o algo afeminado, imbatible y superior en todos los aspectos a sus adversarios, más estrambóticos y ridículos incluso. Además, las situaciones de cada aventura se repiten más que un capítulo de Scooby Doo y compañía, de forma misteriosa siempre en el mismo lugar. ¿Falta de negros para dibujar distintos ambientes en cada episodio?
No solo hablo de las aventuras de los superhéroes de DC en la década de los 50 ó 60 que transcurrían en planetas rosas con extraterrestres violetas, sino también de la gran mayoría de tebeos producidos por Marvel o DC durante la Edad de Plata del cómic; evidentemente de Image mejor no hablo, ya que directamente no existía historia durante sus primeros 10 años, con pocas honrosas excepciones claro está.
Nunca me ha atraído la idea del héroe puro, con aventuras superheroicas salvan a la ciudad de Nueva York por enésima vez, para terminar en los brazos de su amada, posiblemente rescatada por enésima vez del supervillano de turno, debido a que estaba en el lugar equivocado en el momento más inoportuno por enésima vez.
Cuando lee u oigo repetidas veces la necesidad de volver a leer las historias de siempre, historias infantiles sin maldad alguna, donde el bien se diferencia del mal, las típicas historias de toda la vida de superhéroes, me entran los sudores.
¿Nadie se acuerda de esas lecturas? Excepto algún lector ocasional que se acuerda “de ese tebeo que leí una vez de pequeñito”, nadie más sufre con recordar esas historias, donde el héroe siempre sonriente te mira con esos locos tan grandes. Esa sonrisa producida por algún psicotrópico, ¿No os produce dudas sobre las verdaderas intenciones del héroe de turno?
Por no hablar de las identidades secretas. Encuentro medianamente interesantes que se mantengan, los encajes de bolillo para seguir en el anonimato…pero cómo es posible que nadie, digo NADIE haya caído que Clark Kent es Superman. Su disfraz es cambiar de lado la raya del pelo y unas gafas. Trabaja en un periódico de investigación por el amor de dios. Entiendo que el amor y el respeto es ciego, pero tanto.
Del caso de Matt Murdock y Daradevil, ya ni hablamos. He perdido la cuenta de las veces que ha luchado para desmentir que sea el Hombre sin Miedo de La Cocina del Infierno, cuando un periódico u otro han sacado la noticia en portada. Por no decir que falta que Puck se disfrace de diablo para que todos vean que no es la misma persona en un estrado.
Y los disfraces. Entre errores de diseño, como Lobezno de amarillo y azul por que así se camufla mejor cuando entra furtivamente, o diseños demenciales, como La Avispa, Triatlon, Robin el chico maravilla, el villano El Matador; los colorines terminan produciendo alucinaciones incontrolables.
Llamadme anticuado, pero donde estén las historias de superación en situaciones adversas como la Patrulla-X de Chris Claremont, la serie negra de Daredevil de un inspirado Frank Miller, las batallas imposibles de The Ultimates y The Authority de Mark Millar (sin olvidar su miniserie Wanted), las aventuras de Tom Strong de Alan Moore o la Doom Patrol de Grant Morrison, Global Frecuenty y Planetary de Warren Ellis, frente las historias de siempre de autores poco capaces como Scott Lobdell, Jeph Loeb, Michael Turner y compañía.
No quiero disfraces, quiero realidad, quiero divertirme, quiero violencia, quiero sexo, quiero personajes imperfectos, quiero ciencia ficción, quiero palabras malsonantes. Y si es posible que haya algún muerto viviente por allí, mucho mejor.

