2 Noviembre 2006

El cine de las tortas: El Cuervo (1994)

Una vez más ELHDLT da un paso adelante en la renovación de contenidos y nuevas ideas para esta temporada. Aunque con algo de dolor (el parto ha sido duro) y algo más tarde de lo previsto, hoy mismo tenemos el placer de presentar una nueva sección que versará sobre mundo del cine y el de las viñetas, ambos tan íntimamente unidos.

En cada entrega, intentaremos retratar humildemente todas aquellas películas que hayan adaptado tebeos, con mayor o menor acierto. Periódicamente iremos diseccionando filmes con el único objetivo, en un futuro lejano, de completar una gran base de datos sobre cómics en la gran pantalla.

Por aquí pasarán filmes de todas las épocas y para todas las edades, desde el Flash Gordon con banda sonora de Queen, hasta el Batman de Tim Burton pasando por Tintin o los X-Men.

Esperamos que la propuesta sea de vuestro agrado. Para abrir las hostilidades hemos seleccionado El Cuervo, gran película del director de Dark city, Alex Proyas.
¡Agárrense a las butacas porque el espectáculo comienza ya!

En 1994 el poco prolífico autor Alex Proyas presentaba al mundo la adaptación cinematográfica de El Cuervo; su última y más polémica obra basada en el cómic de James O´Barr y protagonizada por el ya mítico Brandon Lee, el cual, como todos sabréis, falleció en extrañas circunstancias durante el rodaje, hinchando de este modo -un poco más si cabe- la leyenda negra que seguía a su familia desde la misteriosa muerte de su padre Bruce.

Y es que, de los diferentes aspectos que intentaré comentar en este monográfico, la muerte de Brandon quizá sea uno de los más conocidos por el gran público (al fin y al cabo la desgraciada historia no hizo sino promocionar la peli por el mundo entero) y es también, sin duda, el macabro elemento que finalmente confiere al film la categoría de mito del cine fantástico.
En una de las últimas secuencias de la película, Eric Draven es tiroteado sin piedad por sus enemigos. Era una escena complicada dentro de un rodaje ciertamente infernal en el que el hijo de Bruce Lee se estaba dejando la piel. Al terminar los disparos el director dio la toma como buena, todo parecía correcto… acurrucado en una esquina Brandon no pudo más que decir ‘corten’, al tiempo que sus tripas se desparramaban por el suelo: Una de las armas utilizadas para rodar el film estaba cargada con munición real. El actor, como es lógico, no pudo terminar la película, pero en la era de la tecnología digital la muerte no es óbice.
El misterio de su defunción, ya fuera accidente u homicidio, no ha sido aún desvelado y probablemente nunca lo sea. Lo que si parece claro es que Brandon pudo evitar ese tétrico destino si no hubiera sido tan tenaz a la hora de luchar por el papel; un papel que había sido ofrecido anteriormente a gente como Cristian Slater o River Phoenix pero que fue definitivamente a él al que convirtió en estrella (muerta, eso sí).

La trama de la adaptación sigue bastante fielmente los pasos del cómic: el roquero Eric Draven y su novia Shelly son asesinados por los integrantes de la banda de Top Dollar (villano interpretado por un magnifico Michael Wincott, que más tarde habría de recibir su merecido). Vuelto a la vida por la influencia de un cuervo, Eric iría acabando con los asesinos uno a uno, como un poeta de la muerte.
Con estos sencillos elementos la película consigue recrear un ambiente gótico que recuerda al tebeo por un lado, pero que se distancia restándole lirismo y añadiéndole mayor intensidad al relato. La estética sonaba sobremanera a la adoptada por Robert Smith y su banda The Cure, rostros maquillados con ojos y labios oscuros contrastando con la tez blanca, ropajes negros y estrambóticos… goticismo ochentero en resumidas cuentas. Al parecer este detalle no fue precisamente por casualidad: la extraordinaria dirección artística de Simon Murton tuvo mucho que ver.

Mención especial requieren algunas secuencias como aquella en la que Eric, una vez muerto y resucitado, revive su asesinato y acaba lanzándose por la claraboya del ático donde vivían, quedando suspendido en el aire en uno de los momentos más míticos de la peli.
O aquella en la que después de haber matado a algunos miembros de la banda, sube a un tejado con su antigua guitarra a tocar unas notas.
Por otro lado, la estética gótica se mezcla con algunos diálogos nada despreciables, como aquel intercambiado con el amistoso policía negro. Así de memoria:
-¡Manos arriba! Digo que te mueves y eres hombre muerto.
-Y yo digo que estoy muerto… y me muevo.

Estos elementos y muchos otros, como sus escenas de venganza y violencia gratuita o las secuencias de acción (quizá demasiado videocliperas en algunos casos) hacen de El Cuervo una gran película que, en mi opinión, asciende a la categoría de clásico por su excepcional banda sonora. Encabezada por The Cure y acompañada por grupos de la talla de Pantera, NIN, Jesús and Mary Chain o Rage against de machine, la música taladra la película y la lleva un paso más allá de lo que consiguió James O´Barr con su nada desdeñable obra en papel.
Como curiosidad podemos destacar que el mismo James aparece en la película en un pequeño cameo, por lo que es de suponer que dio el visto bueno al proyecto de Proyas.

Y para terminar este primer monográfico de una larga lista de adaptaciones de cómic al cine que vendrán (si así lo queréis claro, tomates a un lado) solo resta animaros a que volváis a disfrutar con esta pequeña joya semi-serie B de los noventa. Uno de los primeros largos cuasivideoclip que existen, y no obstante, uno de los mejores.

Escrito por Mario G. Liaño en Artículos, El cine de las tortas | 0 Comentarios


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